El vacuno de leche en la encrucijada21/12/2009

El vacuno de leche se encuentra en una encrucijada, después de años de profundas transformaciones. Los ganaderos han adaptado sus explotaciones a cada uno de los requisitos impuestos por la Unión Europea en materia de cuotas, medio ambiente, sanidad y bienestar animal. Y han respondido al reto permanente de la industria produciendo una leche de acuerdo con sus exigencias y a unos precios cada vez más bajos. Pero muchos ganaderos ya se encuentran al límite.
La estructura de la mayor parte de las explotaciones es casi siempre excelente. Disponen de animales de alto valor genético y capacidad de producción, alojados en instalaciones bien equipadas que les ofrecen el máximo confort e higiene. Muchas cuentan con terrenos propios para esparcir el estiércol y, de paso, cultivar gran parte del forraje que necesitan. Y de asesoramiento especializado por nutrólogos y profesionales que procuran mantener la buena salud y productividad de sus animales. Equipos de ordeño y conservación de la leche de máximo nivel… pero todo esto será difícil mantenerlo si la leche sigue bajando. Y es lo que se prevé debido a las importaciones de leche.
Hay ganaderos que ya no pueden endeudarse más comprando más vacas e invirtiendo todo lo necesario para poder atenderlas adecuadamente. La crisis que padece el sector poco tiene que ver con la crisis financiera, económica y del consumo que padecemos actualmente. En todo caso ésto no hace más que agravarla, pues la causa es más profunda. Es la de un modelo productivo-comercial casi impuesto, que ha hecho que se devalúe un alimento esencial para las personas, como es LA LECHE, hasta el punto de reducir sus cualidades sensoriales, culinarias y nutritivas al mínimo. Se ha perdido la memoria de su auténtico sabor. Ya no se utiliza habitualmente en la cocina, puesto que ese producto desvalorizado apenas añade cualidades respecto a los productos elaborados industrialmente, que además son más fáciles de adquirir. Y para colmo, a la leche se le han llegado a asociar riesgos sanitarios como estrategia de marketin para incrementar su valor eliminando parte de sus componentes esenciales (como la grasa o la lactosa) o añadiéndole supuestos elementos beneficiosos (como el calcio, aceites omega, sustancias anticolesterol, vitaminas…).
Cuando no se trata de ocupar su nicho de consumo con otros productos sustitutivos “más sanos” como la “leche” de soja o de arroz. Y es que ya casi nadie sabe realmente lo que es la leche, casi nadie recuerda haberla probado alguna vez.
Esto constituye un gran problema, pero a la vez una gran oportunidad. Ofrecer una leche más auténtica, diferenciada del producto que se puede encontrar habitualmente, puede ser el futuro de muchas explotaciones. Hay un sector creciente de la población que pide una leche mejor, sabedor de que el sabor y las vitaminas están en la grasa y que ésta no es perjudicial en cantidades adecuadas, sobre todo si las vacas son alimentadas con forrajes abundantes. La restauración, por otra parte, también busca una materia prima mejor que le de mayor juego en la cocina, a partir de la cual puedan extraerse aromas y texturas para sus platos. Y en la misma línea trabajan algunas industrias que elaboran yogur o quesos a partir de leche de vaca. Para poder ofrecer esta leche de alta calidad, será necesario retomar en nuestro país los circuitos cortos de comercialización, directos, que vuelvan a hacer de la leche un producto fresco de suministro casi diario, a partir de granjas cercanas. Esto sigue funcionando en muchos países desarrollados, con más fuerza aún en los últimos años, utilizando envases retornables de vidrio o aprovechando las ventajas de los envases convencionales.
Las máquinas expendedoras de leche abren además nuevas posibilidades comerciales al alcance de cualquier explotación. Por otro lado, los ganaderos también deberían reflexionar sobre el futuro y las perspectivas de la PAC. La UE sólo mantendrá su apoyo para aquellas producciones que sean sostenibles, respetuosas con el medio ambiente y el bienestar de los animales, que ofrezcan productos de calidad, y de entre ellas la Agricultura Ecológica será el sector que cuente con más ayudas.
Esto es una realidad que parece no haber llegado a oídos de nuestros productores. En este contexto, las certificaciones de calidad son un instrumento al servicio de los ganaderos.
La certificación es un requisito legal obligatorio para poder comercializar leche con cualquier indicación de calidad relacionada con su procedencia o su sistema de producción. Al ser realizada por entidades independientes, el control y la certificación permiten ofrecer todas las garantías a los clientes, a la administración y a los propios productores, evitando situaciones de competencia desleal.
En la actualidad, para el caso de la leche fresca, las opciones de certificación son tres: “leche ecológica”, “leche certificada de granja” ó leche certificada bajo un pliego privado.
Sin olvidar las posibilidades que ofrecen las otras certificaciones, sólo la indicación “leche ecológica” es conocida y reconocida por la mayor parte de los consumidores. Sus requisitos de producción aseguran una calidad sensorial diferenciada, y están en línea con la PAC, por lo que cuenta con ayudas en muchas CC.AA. y el apoyo de los Grupos Comarcales de Desarrollo Rural. Su producción y venta directa puede ser el futuro para nuestras granjas más profesionales.
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